Vuelta al Mundo.. Capítulo 7

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19 de septiembre

Hoy atracamos en Funchal. Es la capital de Madeira, una isla que pertenece a  Portugal.

Tenemos una de las 15 excursiones incluidas en el crucero.

He dormido de maravilla. El barco ha dejado de moverse y ha vuelto a su “ronroneo” del principio, cosa que agradezco y mucho, porque ya no me siento mareada.

Cuando ha sonado el despertador a las 7, el barco estaba parado. Por nuestro enorme ventanal, se ven las luces de la isla. Vemos amanecer mirando la espléndida vista.

Hace un día estupendo. La temperatura ha ido subiendo gradualmente desde que zarpamos.

Nos toca el autobús 40. Recorremos por su parte alta Funchal. El autobús nos lleva de mirador en mirador. Las vistas son impresionantes.

En el trayecto se ven miles de flores de colores. La vegetación es increíble. Había leído que la isla tenía también el nombre de “Jardín flotante”. Desde luego, le hace justicia.

La variedad de colores y plantas hace que todas las calles luzcan pintorescas.

Las laderas de las montañas están repletas de plataneras. Las hay a miles y le dan un aspecto curioso. Muy bonito.

Descendemos al centro. Tengo muchas ganas de bajar del autobús y empezar a andar.

Decidimos no volver al barco todavía. El tiempo es muy bueno y no hay prisa. La excursión se aleja y nosotros nos ponemos a callejear. Hemos leído que tiene un mercado estupendo, así que, vamos a buscarlo.

También buscamos un buzón. Hemos comprado nuestra primera postal y su correspondiente sello y toca echarla al correo.

Llegamos al mercado y justo enfrente hay una especie de caja roja, donde echamos nuestra carta.

Azulejo en el MercadoEl mercado es un edificio de dos plantas. En la entrada tiene una bonita azulejería, como buen sitio portugués que se precie.

Al mirar hacia delante, ves flores maravillosas. Los primeros puestos son una belleza. Hay muchos puestos de flor cortada. Hay muchas variedades y colores. Muchas Heliconias, tan espectaculares como son se mezclan con rosas, claveles y margaritas de todos los colores.

Más adelante, es la fruta la que toma el protagonismo. En los puestos con las cuatro variedades de maracuyás ordenadas en perfectas montañas, destacan, colgadas de los tejadillos, filas de guindillas rojas que le dan un toque muy fotogénico a los puestos.

En medio del mercado hay dos grandes árboles y unos arcos con buganvillas.

Es lindo de verdad. Se ha merecido un montón de fotos.

Hace sed. El cuerpo nos está pidiendo una cerveza. Salimos del mercado y encontramos a Pepe y Tomás, nuestros amigos de sobremesa nocturna, sentados en una terraza.

Nos unimos a ellos y disfrutamos de una rubia fresquita. En este caso se llama Coral.

Comemos en un restaurante que encontramos en un callejón, y después caminamos hacia el barco.

Ha sido un día muy agradable. Queda media hora para zarpar. Una ducha y subimos al punto más alto, a disfrutar de Andrea Bocelli y de la maniobra de salida del puerto.

Se me ponen los pelos de punta en este momento. Igual que cuando zarpamos la primera vez.

Cada vez que el barco abandona puerto, en la cubierta suena a todo volumen la canción “Con te Partiro”.  Es una canción de ópera italiana, que significa Contigo Partiré.

Suena la sirena del barco y esta música maravillosa mientras el barco zarpa. Es un momento mágico en el que te invade la emoción.

Y pienso que todavía me quedan muchos puertos, y muchos momentos mágicos como este. Y me siento tremendamente afortunada

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